martes, 21 de enero de 2014

Chuletas electrónicas, títulos y diplomas falsos, venta de proyectos de fin de carrera: la nueva picaresca en clase

Llega octubre y con él las clases universitarias (los coles e institutos llevan ya semanas ‘al tajo’) y un año más muchos estudiantes recurrirán a la trampa para sacar adelante sus exámenes. Estamos en 2013 y atrás quedan los tiempos de la típica chuleta escondida en el bolsillo, aquellas fórmulas escritas en la tapa de la calculadora científica o en el propio brazo. Las técnicas se han adaptado a las nuevas tecnologías y ahora lo que se llevan son las chuletas electrónicas.


El pinganillo es sin duda el que más éxito tiene pero además podemos encontrar tintas invisibles utilizadas para redactar textos en folios y que éstos aparenten estar en blanco, faldas y camisas con doble fondo, gafas con relectores ocultos en sus lentes, relojes digitales de pulsera en los que se pueden introducir todo tipo de textos…
Todo un arsenal para el ‘tramposo’ que ha encontrado en España un gran nicho de mercado: en nuestro país existen unas 20 empresas o proveedores de este tipo de ‘gadgets’ que en épocas de gran demanda pueden llegar a aumentar un 200% sus ventas.
En China, por ejemplo, copiar en clase puede suponer la expulsión de la universidad.
Los profesores y autoridades educativas están al tanto de estas nuevas técnicas y por ello han tomado también medidas, provocando en algunos casos una verdadera guerra tecnológica por ejemplo en algunas oposiciones donde se instalan inhibidores de frecuencia para evitar los ‘pinganillos’.
Pero el uso de las nuevas tecnologías va más allá del ‘inocente’ copieteo en clase.
Francisco Canals nos detalla esas otras prácticas que “rayan el delito”: las fábricas de trabajos académicos y las fábricas de diplomas.
Algunas compañías se dedican a vender tesinas, trabajos o proyectos de final de carrera garantizando profesionalidad y discreción. Estas páginas webs introducen en estos trabajos expresiones típicas del país del cliente y hasta alguna falta de ortografía para que el trabajo no levante sospechas. estas empresas cobran alrededor de 1.500 euros por este tipo de trabajos.
Pero en este caso las universidades y los profesores también tienen sus armas: existe software que detecta trabajos ‘copypasteados’ (es decir, copiados de internet).

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